martes, 26 de junio de 2007

Raymond Chandler



Carta a Edgar Carter, a quien la revista británica Picture Post le había enviado algunas preguntas sobre Chandler, 5 de febrero de 1951.

"El Picture Post está destinado a la gente que mueve los labios cuando lee. Podrán obtener todos los datos que deseen de mi editor inglés, Jaimie Hamilton, Ltd. 90 Great Russell Street, Londres, WCI. Las preguntas que me hacen me parece que indican el nivel intelectual del departamento editorial del Picture Post. Sí, soy exactamente como los personajes de mis libros. Soy muy duro y es un hecho comprobado que he aplastado un dulce con las manos. Soy muy apuesto, tengo un físico poderoso, y me cambio de camisa regularmente todos los domingos a la mañana. Cuando descanso entre dos misiones vivo en un château francés al costado de la autopista de Mullholand. Es un edificio bastante pequeño de cuarenta y ocho dormitorios y cincuenta y nueve baños. Ceno en plato de oro y prefiero que me sirvan bailarinas desnudas. Pero por supuesto hay momentos en que tengo que dejarme crecer la barba y alojarme en un burdel de Main Street, y en ocasiones paso temporadas en el calabozo de borrachos de la cárcel de la ciudad. Tengo amigos en todos los peldaños de la vida. Algunos son muy cultos y algunos hablan como Darryl Zanuck. Tengo catorce teléfonos en mi escritorio, incluyendo líneas directas con Nueva York, Londres, París, Roma y Santa Rosa. Mi archivero se abre, convenientemente, en forma de bar portátil, y el cantinero, que vive en el cajón de abajo, es un enano llamado Harry Cohn. Soy gran fumador y según mi estado de ánimo fumo tabaco, marihuana, barba de choclo u hojas de té secas. Hago mucha investigación, especialmente en los departamentos de rubias altas. En mi tiempo libre colecciono elefantes.



Carta a Jamie Hamilton, editor británico de Chandler 10 de noviembre de 1950. Hamilton, interesado en actualizar la biografía de solapa de Chandler después de su paso por Hollywood, le había pedido alguna información sobre su vida.

"... He estado casado desde 1924 y no tengo hijos. Se supone que soy un escritor duro, pero eso no significa nada. Es sólo un método de proyección. Personalmente soy sensible y hasta apocado. Por momentos soy en extremo cáustico y belicoso, por momentos muy sentimental. No sirvo para la vida social porque me aburro muy fácilmente, y para mí lo corriente nunca me parece lo bastante bueno, en gente o en cualquier otra cosa. Soy un trabajador espasmódico sin horarios regulares, lo que equivale a decir que sólo escribo cuando tengo ganas. Siempre me sorprende lo fácil que parece en el momento, y lo cansado que me siento después.
Como escritor de novelas policiacas, creo que soy un poco anómalo, ya que la mayoría de los autores de novelas policiacas de la escuela norteamericana son apenas semianalfabetos, y yo no sólo soy alfabetizado sino un intelectual, por mucho que me disguste la palabra. Se diría que una educación clásica es una mala base para escribir novelas duras en argot. Yo pienso lo contrario. Una educación clásica le impide a uno caer en la trampa de la pretensión, que es lo que llena la mayoría de la ficción actual.
En este país el autor de novelas policiacas es visto como algo subliterario sólo porque es un autor de novelas policiacas, y no un autor de cháchara de significación social. Para un clasicista (aun herrumbrado) esa postura revela sólo la inseguridad de un parvenu. Cuando me preguntan, como lo hacen a veces, por qué no pruebo a escribir una novela seria, no discuto; ni siquiera les pregunto a qué se refieren con una novela seria. Sería inútil. No sabrían qué decir. Esa pregunta es la que podría hacer un loro.
Leyendo lo anterior, me parece detectar un cierto tono desdeñoso aquí y allá. Me temo que esto no es del todo admirable, pero lamentablemente es cierto. Corresponde. De hecho, soy una persona más bien arrogante en muchos aspectos."


Raymond Chandler, El simple arte de escribir. Cartas y ensayos escogidos. Barcelona: Emecé Editores, 2004. Traducción de César Ceira.

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